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¿Es real la Digitalidad? Sistema de Filosofía Digital (II)

¿Es real la Digitalidad? Sistema de Filosofía Digital (II)

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La primera pregunta, que nos tenemos que hacer es, "¿qué es la realidad?", pero es una pregunta, que también requiere muchas explicaciones y por tanto, es mejor antes hacerse una pregunta previa, que puede parecer una paradoja, pero nos ayudará a dudar y, por tanto, a pensar que es lo que es, y la cuestión es: "¿es real la realidad?" "¿es real esa realidad que se constituye como digitalidad?". Parece de perogullo que sí, pero vamos a ver, que es mucho más complejo de lo que parece. Por eso, muchos filósofos como Descartes han dudado de ella, u otros como Berkeley, se han atrevido incluso a negarla completamente.

Tomemos el ejemplo de algo banal. Una hoja verde. Quien podría discutir que la vegetación como norma general no es verde. Todos sabemos que por ejemplo los daltónicos. Existen diversos tipos de daltónicos. Los que sufren de protanopía o deuteranopía, no pueden percibir lo verde y lo ven con tonos amarillentos. Este tipo de patologías, así como la gama de colores visibles por algunos animales nos hacen ver como algo tan fundamental de la realidad como son los colores, no es algo universal y es una convención arbitraria. 
Daltonismo

La teoría científica nos dice que el ser humano es capaz de ver un reducido espectro de ondas electromagnéticas, básicamente lo que llamamos luz. Fuera de nuestro rango quedan muchas cosas como los rayos X, los infrarrojos, los gamma, los ultravioleta, los cósmicos, las microondas, etc. Sabemos el rango de longitud de onda que describe cada color. Sin embargo, hay que decir que la ciencia, como lenguaje artificial matemático, llegó después del lenguaje natural. La ciencia lo único que ha hecho es explicar lo que ya viene definido y diferenciado por como hablamos. Nuestros antepasados obviamente conocían los mismos colores sin necesidad de conocer su longitud de onda.
Electromagnetic spectrum-es.svg

En todos los idiomas se describen los colores. Especialmente en las versiones contemporáneas de estos, existe una equivalencia biunívoca entre los que se consideran los ocho colores básicos, que son: "Rojo", "Verde", "Azul", "Amarillo", "Cían", "Magenta", "Blanco" y "Negro". Aunque en latín y griego también pueden encontrarse equivalencias.

Sin embargo, existen excepciones. Según el lingüista Daniel Everett hay tribus del amazonas, que no tienen palabras para designar colores, con lo que tienen que identificar un objeto representativo "x es como la sangre", una denotación. Los colores son una convención a la que las diversas culturas, que se han estado relacionando en la historia y en la geografía, han llegado a unos mínimos consensos de traducibilidad para entenderse. 

El lenguaje influye no en cómo vemos los colores, sino en cómo los discriminamos, en lo que son. El ejemplo clásico es el del "celeste". En algunos idiomas como el ruso, el griego y el turco, el "celeste" es una categoría de color diferente a la del "azul oscuro", del mismo modo, que el "rosa" no es simplemente un "rojo claro". En diferentes experimentos, se ha visto que los hablantes de estas lenguas son más rápidos a la hora de diferenciar entre tonos de "azul" parecidos. Los húngaros y los turcos tienen dos palabras diferentes para el rojo oscuro y el rojo claro "vörös" y "piros", "kırmızı" y "al", respectivamente. Otras lenguas, conservan varios términos para los tonos oscuros y claros del azul: el ruso tiene "siniy" y "goluboy"; el italiano, "azzurro" y "blú"; y el griego, "ble" y "ghalazio". Para estos hablantes, los dos colores son como el "rosa" y el "rojo" para nosotros. 

Según la antrpóloga Noemí Villaverde el término actual de "color" en chino, "颜色" "yan se", realmente significa "color facial". "Yan" significa el área entre las cejas, y "Se" significa "qi" (o energía vital).  Sólo en la Dinastía Tang, "Yan Se" comenzó a implicar el sentido de todos los colores. En el idioma de la etnia Dani (Indonesia) sólo se diferencian dos colores básicos: "mili" para tonos oscuros y fríos (azul, verde, negro) y "mola" para tonos cálidos y claros (rojo, amarillo, blanco). También tanto para los japoneses como para la tribu himba, no hay diferencia alguna entre el verde y el azul. En la lengua japonesa no existió una palabra para el color verde hasta que hace un milenio se introdujo el término "midori", y aún así, los nipones afirman que son azules muchas cosas, que en occidente se ven verdes, incluida la hierba. No son los únicos: en el idioma bretón, también se confunden el verde y el azul, y ambos se llaman "glas". "Glas" es una palabra que en realidad se refiere al color del mar, con todas sus variantes, así que siempre se tiene que especificar de qué "glas" se está hablando, por ejemplo "glas oabl", "glas" cielo.

Más interesantes ejemplos, que nos refiere Villaverde. Muchas lenguas bantúes utilizan la misma palabra para el azul y el verde. En vietnamita, las hojas de los árboles y el cielo son "xanh". En coreano, "pureu-da" puede significar azul o verde, y en el caso del semáforo, se utiliza la palabra "paran", la habitual para describir el azul. En el idioma Lakota Sioux, la palabra "tȟó" se utiliza tanto azul y verde. En el idioma maya yucateco, azul / verde es "Yax". Hay muchos ejemplos más, y otros muchos idiomas cuyas raíces de las palabras, que señalan el azul y el verde es la misma. Los Himba de Namibia dicen que el agua es blanca, como la leche, y el cielo es negro. Nosotros disponemos de once palabras para describir el color, los himba la mitad. El "zoozu" son los colores más oscuros, "vapa" es principalmente el blanco, pero abarca también los amarillos, "borou" abarca los verdes y azules, y el "dumbu" distintos verdes y algunos rojos y marrones. Pero los himba detectan fácilmente un verde distinto, cuando para nosotros es complicadísimo. En Sri Lanka, en el idioma mayoritario singalés, los colores tienen nombres que se relacionan con la naturaleza. Por ejemplo, "kolapata" ("pata" es la palabra para color) es el color verde. "Kola" es hoja.

En 1943 Louis Hjelsmlev, en su obra capital Prolegomenos a una teoría del lenguaje, se convierte en uno de los primeros científicos sociales en resaltar la falta de correspondencia de la realidad entre un idioma y otro, en el caso específico y paradigmático de los colores. Reproducimos aquí su celebre ejemplo del Capítulo XIII, parágrafo 49.



El llama "incongruencias" a la falta de correspondencia de los colores entre inglés y galés. Más tarde, Brent Berlíny Paul Kay en 1969 hicieron un célebre estudio sobre la terminología de los colores llamado Color Terms: Their Universality and EvolutionPropusieron, que las diferencias de colores pueden ser organizadas en una jerarquía coherente, y que hay un número limitado de colores universales, los cuales han sido empleados por culturas individuales en un orden relativamente fijo. Berlín y Kay basaron su análisis en una comparación de palabras referentes al color en veinte lenguas de todo el mundo. Para ser considerado un nombre de color básico, las palabras tuvieron, que ser monolexémicas ("verde", mas no "verde claro" o "verde agua"), de alta frecuencia, y de acuerdo a los hablantes de aquella lengua. Según el grado de desarrollo de una cultura la segmentación de colores sería más sofisticada.
Esquema de Berlin-Key de colores por evolución cultural
Su estudio intentó construir una idea del innatismo universal evolutivo, frente a la teoría más aceptada del relativismo lingüístico de Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf, conocida como hipótesis Sapir-Whorf. Esta establece en su versión más radical, que la lengua de un hablante monolingüe determina completamente la forma en que éste conceptualiza, memoriza y clasifica la realidad que lo rodea. Esto se da a nivel fundamentalmente semántico, aunque también influye en la manera de asumir los procesos de transformación y los estados de las cosas, expresados por las acciones verbales. Es decir, la lengua determina fuertemente el pensamiento del hablante.

Lo que podemos concluir con esta sorprendente inadecuación de las referencias de color en diversas lenguas en épocas y lugares diferentes, es que los colores son una estructura semántica (o red semántica). Son como un mini-sistema. No existen colores aislados. La estructura más simple es de dos: el claro y el oscuro. Nunca uno. Y lo habitual es de tres a ocho, según la evolución cultural de una sociedad, que es siempre una comunidad lingüística. Esto quiere decir que el color no es una unidad, es una parte de un todo, es una casilla de una estructura. Un concepto, es una parte de un campo semántico, igual que una partícula como el bosón de Higgs es un componente del campo de Higgs

El color "rojo" no se define por identidad biunívoca con algo, que existe en la realidad (de hecho el color blanco y el negro no existen realmente, son efectos de suma de colores o ausencia de luz, son acromátcos), sino por oposición. Los colores son un pequeño sistema de diferencias semánticas, que funciona en nuestro lenguaje. El color "rojo" se podría definir como "no verde-no azul" en el modelo RGB de colores básicos, mientras los colores compuestos requerirían alguna operación sobre los básicos, como el "naranja" como suma de amarillo más rojo. Son operaciones de teoría de conjuntos, que funcionan con la Teoría de los Grafos, que se utiliza para describir las redes semánticas. Pero siempre, como hemos visto, la primera diferencia semántica es una oposición terminológica como "blanco" vs "negro".

Lo que ha posibilitado la evolución hacia sistemas de colores traducibles, ha sido la interacción entre comunidades lingüisticas, ya sea por el comercio, la guerra o la convivencia. La traducción entre lenguajes gramaticalmente diferentes, desconocidos mutuamente, y que por consiguiente, tienen universos semánticos no sólo completamente diversos, sino que además en un primer contacto son incognoscibles. Como plantea Quine con su concepto de la indeterminación radical de la traducción, cuando nos acercamos a un nativo de una tribu desconocida en medio de una selva en la que no han tenido contacto con otros humanos, si vemos, por ejemplo, correr a un conejo y el tipo en cuestión dice "gavagai", no podemos saber si quiere decir "conejo", "conejidad", "animal" o simplemente nos está insultando. Si se consigue al final traducir un lenguaje, es por aproximaciones sucesivas utilizando un razonamiento innato que tenemos los humanos, que se llama isomorfismo. Empezamos a realizar suposiciones y las vamos redefiniendo. Presuponemos una correspondencia de términos entre los suyos y los nuestros, y vamos corrigiendo. Buscar isomorfías en el lenguaje y en la lógica matemática, es el mismo mecanismo de la empatía por el que debido a las llamadas neuronas espejo, somos capaces de sentir lo mismo que otros y podemos ponernos en la mente de otros. Podemos incluso jugar con otros imitándolos, como hacen los niños, para aprender el lenguaje mediante su uso, que es el objeto de la pragmática lingüística. Aprendemos el uso mediante la imitación y el esquema mental del isomorfismo, de la correspondencia biunívoca entre nuestro idioma y el desconocido, y así con la prueba y el error, se va construyendo una estructura semántica, que aunque sea simple y de pocos elementos, se hace compleja al detectar esas incongruencias, que suceden cuando se descubre, que la estructura no se corresponde uno a uno en cada uno de sus elementos. Esa nueva estructura es la que permite traducir los términos. 

Otro ejemplo clásico de incongruencias en las estructuras semánticas de la realidad, son las onomatopeyas. ¿Porqué las gallinas suenan diferente según el idioma? En español el gallo hace "quiquiriquí", en inglés "cock a doodle doo", en italiano "cocorico", “quequerequec” en catalán, “dicekokoriko” en euskera. y en japonés "kokekokko". ¿Es que los gallos cantan diferente según el sitio o se oyen diferente según el idioma?. Obviamente no. Lo que se ve claramente con este ejemplo, es que las palabras son convenciones, que poco tienen que ver con la realidad. Esa relación natural de los sonidos y los significados con las cosas, con los objetos, que forman el mundo, como todo ese continuo donde podemos desarrollar nuestra existencia, no es nada natural, es cultural. La referencia del lenguaje a unos objetos en el mundo es un mecanismo intralingüístico, es un metalenguaje, una mención. Las asociaciones de las percepciones sensoriales, más que ser algo inmediato, es una construcción convencional de la evolución de la especie, que los humanos tienen que aprender desde su nacimiento, hasta que hace parte de su repositorio de precomprensión lingüística del mundo. Cuando salimos del uso del lenguaje, más que bajar o tocar la realidad, subimos un peldaño más a una metarealidad.

Una de las críticas a la hipótesis del relativismo lingüístico viene del innatismo lingüístico de la gramática generativa de Noam Chomsky, que argumenta la existencia de un lenguaje-L, que es igual para todos los miembros de la especie humana, interiorizado e innato, que constituye la facultad lingüística. Sobre esta diríamos, que el lenguaje natural universal existe, pero es un constructo histórico y científico, no lago innato.

Otra de las corrientes críticas con el relativismo es el universalismo semántico de Anna Wierzbicka, que sostiene la existencia de un sistema semántico universal, al cual se pueden traducir los conceptos de cada una de las lenguas naturales. Nuestra crítica va en el mismo sentido del anterior: eso es una construcción histórica, por una parte del resultado de la evolución histórica de la interdependencia lingüística y por otra del desarrollo de la lingüística computacional, que nos ha hecho forzar las estructuras semánticas incongruentes, a estructuras semánticas isomórficas por convención. Lo cual es un claro reduccionismo de la riqueza semántica.

El lenguaje natural es el que define a través del efecto del significado nuestra realidad. A esta realidad la llamamos realidad natural. Y esta realidad sí existe, pero es intocable, inalcanzable, parcial, minúscula, humana y relativa. Es una construcción arbitraria, que resulta del consenso intersubjetivo de las comunidades lingüísticas primero, y en segundo lugar, del resultado de la evolución histórica de la interdependencia lingüística

La realidad es el producto del lenguaje, no al revés. Podríamos hablar de una realidad como una realidad formada por todas la realidades de todos los seres humanos (o inhumanos), como una realidad absoluta, como aquella de la que hablaba Kant cuando se refería al noumeno y decía que era incognoscible. Esa realidad, que podríamos llamar realidad absoluta, como la realidad real, formada por todas la realidades posibles y existentes, esa precisamente, no existe. No existe para nosotros porque es una construcción idealista, una suposición, que nos permite tener unos fundamentos donde desarrollar nuestra vida con cierta seguridad. Los seres humanos tendemos a llenar los vacíos. No podríamos vivir pensando, que la realidad no existe, no podemos dejar algo indefinidamente en suspenso, sin explicación, por lo tanto, nos la inventamos, que es una de las cosas que se nos dan mejor.

La realidad natural existe pero no es real, porqué es un efecto del lenguaje. Es digital, es la digitalidad, como propiedad esencial de la realidad, como substancia. La digitalidad como realidad a la que tiene acceso actual o potencial el ser humano, sólo es posible conocerla mediante la aplicación del paradigma informacional. En cambio, la realidad absoluta es real, pero no existe. Es objeto sin sujeto. 

En consecuencia, la digitalidad, la nueva realidad, que estamos descubriendo hoy en día, es lo más real que conocemos, aunque no sea auténticamente real en términos absolutos.



Recapitulación del Sistema de Filosofía Digital


  1. Hemos llegado a pensar que lo digital era lo suplementario de la realidad, una realidad virtual, construida por la tecnología humana, pero no es cierto, es justo al revés, la tecnología y la ciencia actuales nos están permitiendo reconocer la auténtica realidad de la naturaleza. Toda la realidad es digital, cuando pensábamos, que era analógica era por la insuficiencia e ineficiencia de la antigua tecnología, por nuestra incapacidad para medir, que no nos permitía conocer como es auténticamente lo real. La realidad son datos, bits, qbits, no objetos. La realidad es información y la información la gestiona sólo la inteligencia.
  2. La realidad natural existe pero no es real, porqué es un efecto del lenguaje. Es digital, es la digitalidad, como propiedad esencial de la realidad, como substancia. La digitalidad como realidad a la que tiene acceso actual o potencial el ser humano, sólo es posible conocerla mediante la aplicación del paradigma informacional. En cambio, la realidad absoluta es real, pero no existe. Es objeto sin sujeto. 

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