Disrupción: pensar el hipercubo (Parte II)

El pensamiento disruptivo, el que genera la disrupción propiamente dicha, no se puede conseguir sin primero ejercer el pensamiento crítico en toda su profundidad. Y como hemos visto en la Parte I (Disrupción: pensar al cubo), esto solo puede hacerse si pensamos al cubo, si nos libramos de los límites coercitivos del pensamiento normalizado.

Crucifixión (Corpus Hypercubus), Salvador Dalí, 1954


Más allá del cubo: el hipercubo

Hasta aquí (Parte I) todo ha sido muy sencillo, pero intentemos comprender la complejidad de la realidad mental en la que los encontramos, el mapa de la inteligencia pensante. Una vez hemos conseguido salir de la caja, aunque sea solo por uno de sus lados, estaremos en situación de acelerar el desarrollo de nuestro pensamiento crítico. Pero ¿qué hay más allá de la caja? ¿Un espacio libre e infinito? No. ¿Un acceso a la libertad pensamiento absoluta? Tampoco. El fuera de la caja, la exterioridad del cubo, en realidad, no existe. Lo que hay es más cajas, más cubos, y así al infinito. Lo que hay fuera de la caja, el lugar donde está la caja, es el hipercuboEn su versión más simple, el teseracto. Un cubo en cuatro dimensiones, un cubo evolucionado en el tiempo. Pero podría tener cualquier número de dimensiones. Un hipercubo de diez dimensiones sería un decaracto, con 1.024 vertices, aunque se puede definir matemáticamente, es imposible de imaginar.
Decaracto en representación ortogonal (no olvidemos que es un cubo)

El teseracto sería el cubo con tres dimensiones espaciales más una dimensión temporal, que aún podemos representar en tres dimensiones, de la misma manera en que hemos representado al cubo en dos dimensiones en la Parte I (ver el cubo de Rais aqui), para poderlo doblar y pegar, pero es difícil de concebir. Se puede representar con el diagrama de Schlegel o con el de Hasse, pero la vista estereográfica, que utilizó Dalí en su cuadro Crucifixión (Corpus Hypercubus), quizás sea la que nos ayuda más a comprender, como fuera del cubo solo hay cubos. Si cogemos un cuadrado y lo proyectamos dándole altura, conseguimos un cubo. (Si alguien quiere introducirse en el apasionante mundo de los politopos, unas criaturas mentales más apasionantes que los fractales, ver aquí, y grupos Coxeter aquí).
Hipercubo teseracto esterográfico

Si proyectamos un cubo a una dimensión espacial más, conseguimos un hipercubo. El teseracto se considera un cubo proyectado en el tiempo, por qué el tiempo es para nosotros, la cuarta dimensión. Consideramos, que según la Teoría de la Relatividad, espacio y tiempo, son el mismo entramado geométrico. Lo que hace posible, en última instancia, los viajes en el tiempo. Una deformación espacial, cómo suscita la fuerza gravitatoria, conlleva también una deformación del tiempo.

Teseracto en Interestellar

En la película Interestellar tenemos la interpretación, que al entrar en un agujero negro masivo, entramos en un teseracto (NdA: a pesar de ser una película basada en ciencia, este particular es ficción, y para nosotros es una metáfora, que ayuda a comprender el funcionamiento de la realidad) donde están ocurriendo, al mismo tiempo, varios momentos históricos diferentes. El tiempo se convierte en una dimensión espacial, con lo que el protagonista puede comunicarse con personas en otros momentos del tiempo, con solo desplazarse.


El teseracto como estructura simplificada de significado

El concepto de teseracto (pero cualquier número de dimensiones puede ser también considerado), permite entender que los seis límites del cubo del pensamiento que hemos descrito, son recursivos. La crítica se supera con más crítica, la duda con más duda y así sucesivamente. Más allá del límite superado, encontramos otro límite de igual naturaleza y así al infinito, en nuestra vida, en nuestra evolución. Lo que nos lleva a pensar, con toda certeza, que probablemente ya estuvimos en una caja, que no recordamos, pero de la cual ya nos hemos librado. Por tanto, tampoco nos hagamos ilusiones, o no tengamos visiones simplistas, siempre estaremos dentro de una caja, de un cubo, pues así es la realidad. La realidad misma es el hipercubo. El cubo no deja de ser algo imaginario, mental, virtual, algo inscrito en el lenguaje, donde siempre es posible un metalenguaje, pero no por ello, menos real. De igual manera, siempre cabe una metacrítica, una crítica de la crítica, y así hasta el infinito y más allá. El cubo es la estructura de significado en la que habitamos, indistinguible de la realidad misma.

Teseracto como diagrama de Schlegel

Ahora bien, lo que está claro es que quien puede haber pensado en una dimensión más de aquella en la que está la mayoría de las personas, tiene una ventaja sobre aquellos que siguen en el cubo inferior. Y esa ventaja, esa diferencia, es una ganancia, que puede traducirse en saber, en sabiduría, o en poder, en dominio. Esa es la razón por la cual las industrias del pensamiento, intentan evolucionar más rápidamente, que cualquier persona, para poderles ofrecer unos límites satisfactorios en un cubo, donde vivir sin preocupaciones. Los cubos/hipercubos son constructos lingüísticos creados por la interacción humana. Son discursos dentro de los cuales actuamos los humanos. Cuanto mayor es su complejidad estructural, mayor potencia significativa, mejor capacidad de descripción, y como consecuencia, implica una realidad más rica, pero por ello, menos fácil de comprender y de gestionar. A la estructura semántica bidimensional de Hjelmslev, proponemos el hipercubo cuadrimensional, como primera hipótesis de trabajo, pero el modelo trabaja mejor a partir de cinco dimensiones (penteracto) como el hexeracto (seis dimensiones, regular 6-polytope). A la casilla vacía de Deleuze, proponemos el punto como el hipercubo de dimensión cero, como singularidad generativa del hipercubo, como catástrofe generadora de los límites del cubo. A partir del estado caótico del punto, la inteligencia generativa crea los segmentos, las proyecciones. las geometrias, o en otro orden de conceptos, las meta-reglas de enunciación, que pueden crear los discursos, en definitiva, la gramática de la realidad.

Cubo de cinco dimensiones representado en tres


La indeterminación de la intercubicidad

El drama humano es la indeterminación radical de la traducción entre cubos. A pesar que la lógica, o por simplificar, los esquemas mentales son parecidos, ya que responden a patrones estructurales similares, la aparente exterioridad de un cubo de otro, su alteridad, lo convierte en contradicción y antagonismo, una parte esencial del mecanismo evolutivo, pero que muchas veces lleva a la destrucción mutua. Para que la competencia y la cooperación sean productivas, se necesitan mecanismos de traducción, como por ejemplo, hacen los divulgadores con la ciencia. La realidad es compleja y para gestionarla hay que contemplarla, pero para tener apoyos hay que simplificarla, y así hacer entendibles los problemas. De esta manera, parece que lo más importante no es solo salir de la caja, porque en alguna nos quedaremos atrapados -aunque sea temporalmente-, sino comunicarse entre cajas, lo que podemos llamar con un nuevo concepto, la intercubicidad, que sería la intersubjetividad a través de los discursos, la capacidad de traducir distintos niveles y espacios de pensamiento entre sí. Una actividad siempre incompleta y proclive a provocar malentendidos, pero absolutamente necesaria.

Todo lo que aquí metaforizamos como hipercubo es lo que se puede definir precisamente con las ciencias de la información y del lenguaje (semántica, pragmática, teoría de la información, ontologías, etc.). La ventaja de hablar de hipercubo es dar una representación visual a la problemática social entre pensamiento y acción, entre prácticas discursivas y no discursivas, entre niveles de discurso y metadiscurso, entre sentido y realidad. Esto nos hace ver mejor el conflicto que recorre el hipercubo, que no es una remanso de paz, sino una interacción que se debate entre el conflicto y la cooperación. Lo que nos destruye es la guerra mental entre los cubos, el conflicto discursivo.


El pensar como inteligencia del hipercubo

Pensar es una cuestión de actitud, no hay que cesar en el empeño, por eso, pensar no debe tener ni fin, ni final. Ser capaces de pensar críticamente, reduce la incertidumbre y nos ayuda a decidir bien. Pensar es procesar información, y concretamente, es la inteligencia humana quien lo realiza. El pensamiento en el hipercubo es posible gracias a la inteligencia cósmica de la que formamos parte. Pensar a través del hipercubo es metapensamiento, es ser consciente que pasamos de un cubo a otro, que pasamos de un lado a otro, cortocircuitando la realidad, encontrando atajos en el tiempo, que nos permiten aprender rápido, resolver problemas y encontrar soluciones, más allá de lo esperable, y ahorrarnos una cantidad importante de caminos espúreos, y de tiempo malgastado. 

Ser conscientes del hipercubo, hiperconscientes del cubo, del teseracto, del desarrollo del cubo a través del cual pasamos a otro a través del pensamiento, es un acto de hiperinteligencia humana como aquella inteligencia, que se relaciona con cualquier inteligencia espaciotemporal. La complejidad del hipercubo es la capacidad de la inteligencia de utilizar un ratio de densidad de energía cada vez mayor. Y ese gasto exponencial, es evolutivamente necesario, lo contrario es la muerte, disolver los cubos, volver al punto. El consumo energético no es algo socialmente determinado por el capitalismo, son las Leyes de la Termodinámica, que afectan a la evolución cósmica desde el Bing Bang. Hablamos del pensar como inteligencia del hipercubo ubicuo. La evolución incrementa la complejidad, lo que requiere cada vez mayor uso de energía, de información, de lo contrario, la caída en la simplicidad significa la muerte del sistema, la victoria de la entropía.

Mientras nuestro físico vive, o lo que es lo mismo, mientras envejece, consume energía disponible y la convierte en trabajo, luchando contra la entropía, sigue irreversiblemente la flecha del tiempo definida por la segunda Ley de la Termodinámica. La inteligencia del hipercubo, la especie humana como estructura disipativa, durante su vida útil, se mueve inmóvil por el hipercubo, siendo capaz de proyectarse al futuro y al pasado, humano y no humano, porque forma parte de esa inteligencia ubicua del cosmos, por la que podemos discurrir libremente, mientras pasa de unos a otros, de generación en generación, de lo humano a lo artificial, y de lo artificial, otra vez a lo natural. Del punto al hipercubo y del hipercubo al punto. No hay un punto de entrada, ni un punto de salida.



Comentarios

  1. Vaya es un poco complicado, pero es también alucinante ver las cosas como un hipercubo. La verdad es inspirador, da que pensar. Enhorabuena por el artículo.

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    1. Gracias. El hipercubo nos permite entender la complejidad de los significados donde se mueve nuestro pensamiento mientras construye la realidad.

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