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El inexorable declive de la prosperidad: crisis energética, erosión del capital y populismo

El inexorable declive de la prosperidad: crisis energética, erosión del capital y populismo

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"Money is the language rather than the substance of the real economy. Ultimately, the economy is, and always has been, a surplus energy equation. As such, it is governed by the physical laws of thermodynamics, and not by the man-made laws of the market" (Morgan, T. Life After Growth, p11).


1. Las dos economías


La economía ortodoxa nos está dando una visión equivocada de lo que está ocurriendo en el mundo. La econometría centrada en modelos abstractos y la economía financiera basada en políticas monetarias artificiales, no tienen en cuenta la centralidad de la energía en todos los procesos económicos. Esto hace que muchos de los problemas actuales no sólo no se acaban de entender, sino que tampoco tienen solución desde el viejo paradigma económico.


La economía heterodoxa también llamada "real", que observa la energía, constata que aquella disponible y accesible es cada vez más cara, complicada de extraer y contaminante, lo que no casa con la economía ortodoxa, también denominada "financiera", basada actualmente en el crecimiento económico indefinido y que para nada tiene en cuenta la finitud de los recursos planetarios. Cada una va por su sitio. La primera va asentándose en el ámbito científico, mientras la segunda está anclada en los gobiernos y en las instituciones financieras. Existe la urgencia de tener una sola contabilidad económica y que el dinero refleje la situación energética, la riqueza o pobreza real. El PIB refleja la riqueza de un país como producción de bienes y servicios, que se consiguen a partir del trabajo y del capital (tecnología), pero estos dos, en definitiva, dependen de la energía.
Caso de Portugal, elaboración de Tim Morgan

El mismo cambio climático refleja los límites del abuso de los combustibles fósiles. Estos han permitido la fase más expansiva de la historia pero un aumento de la población geométrico como nunca se había dado, que hace insostenible el crecimiento perpetuo. El agravamiento de las consecuencias del cambio climático por las emisiones de CO2 de los combustibles fósiles, están relacionadas directamente con la crisis económica tanto pasada (2008) como la venidera (2020), así como con el fracaso de las políticas económicas de expansión cuantitativa. La economía está encontrando los límites del crecimiento debido a su modelo energético insostenible. La creciente inseguridad del trabajo, el malestar social por la austeridad y la excesiva presión fiscal, están provocando protestas como los chalecos amarillos en Francia o el auge de opciones políticas radicales.



2. La economía biofísica


La economía que tiene en cuenta la energía también llamada termoeconomía, economía ecológica o economía biofísica, fue fundada por Nicholas Georgescu-Roegen un matemático, estadístico y economista rumano, a parir de su libro The Entropy Law and the Economic Process. Este autor sostuvo que las leyes de la termodinámica gobiernan todos los procesos económicos. Especialmente la segunda, la entropía. Algunos han definido esta disciplina como la física estadística del valor económico. Gergescu tenía clara la deuda ecológica: "todo automóvil Cadillac producido en cualquier momento significa menos vidas en el futuro”, así como la diferencia entre energía y tecnología: "la Ley de la entropía fija un límite definido a la eficiencia que puede alcanzar el progreso tecnológico. La tecnología más avanzada no puede obtener de un pedazo de carbón más trabajo útil que la energía libre contenida en él y, en verdad, ni siquiera eso".
Muchos otros autores han continuado esta opción interdisciplinar. Encontramos precedentes de esta economía incluso en Marx, como John Bellamy demuestra en el libro Marx's Ecology. Materialism and Nature. La economía humana no puede existir sin excedente, sea este natural o forzado. Las grandes civilizaciones han sido posibles gracias a la acumulación y uso de masivos excedentes energéticos, alimenticios y de materias primas, que les permitieron construir sociedades complejas y duraderas. La clase que se apropiaba del excedente es la que detentaba el poder. Siempre ha existido el conflicto social entre diversos grupos por apropiarse del excedente.

Desde la máquina a vapor y sobre todo desde la utilización masiva del petroleo, el crecimiento económico y poblacional ha sido desproporcionado. En tan solo un siglo, hemos gastado más recursos, que en en toda la historia del ser humano y eso es una deuda contraída con el futuro del planeta imposible de pagar. No hay energía disponible suficiente para sostener muchas décadas a nuestra sociedad actual. La tecnología sólo sirve para aumentar la eficiencia del uso y de la extracción de energía, pero de un kilo de carbón no pueden salir dos. De hecho, para extraer un kilo de carbón hay que hacer un esfuerzo energético (sin contar capital, ni inversiones), que hace que no se pueda aprovechar el kilo entero. Eso sin contar, que en el proceso de distribución y trasporte, se pierde energía. El EROEI (Energy Returned On Energy Invested o tasa de retorno energético) mide esa diferencia. 

El EROEI es el cociente de la cantidad de energía total, que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético. Por ejemplo, el petroleo en 1940 podría estar en 100:1, en 1970 estaba en 23:1 y actualmente estría sobre 19:1 de media (depende mucho del tipo de petroleo, del país y del tipo del detalle del cálculo). Aunque teóricamente el límite estaría en 1 (igualdad entre fuente de energía disponible y energía necesaria para su obtención), el umbral real estaría en 6:1, ante el cual ya no vale la pena seguir con esa energía. Y como se puede ver en el gráfico superior el EROEI es una curva en precipicio (Seneca Cliff), pasar del 20:1 al 15:1 es extremadamente rápido. Para muchas energías, que ya han pasado su pico de producción, las necesidades energéticas de extracción las sitúan limítrofes a su imposibilidad de extracción. Esto es especialmente grave para el petroleo y el carbón, fuentes de casi toda la electricidad mundial Y a pesar de los avances en energías renovables, que también  necesitan de combustibles fósiles para funcionar, el panorama mundial no va a cambiar en los próximos decenios. Incluso se estima un incremento debido a la proliferación de vehículos eléctricos, que lo único que consiguen es trasladar la huella de CO2 al tercer mundo.

La economía oficial intenta desacoplar el crecimiento económico de las emisiones de CO2, pero esto es algo imposible. La energía es un juego de suma cero global, que no entiende de países. El ahorro en un país se traslada a un sobreconsumo en otro país. Según la paradoja de Jevons, cualquier eficiencia tecnológica para el proceso de energía, se utiliza para incrementar el consumo de energía nunca para ahorrarlo.

Quinglong Shao demuestra en su tesis doctoral la correlación entre recesión y descenso de emisiones de CO2"according to historical experience, only in periods of recession have carbon emissions declined", Recession, Working Time and Environmental Pressure: Econometric Contributions (UAB, 2017, p8)Por tanto, el decrecimiento es la única vía para conseguir los objetivos del cambio climático. El tiempo para revertir la situación, la llamada transición energética, que pueda realizar un cambio significativo de fósiles a renovables, antes de alcanzar el aumento fatídico de los 2 grados de calentamiento global, se está acabando. Ademas hay que tener en cuenta, que si se agotan los fósiles la transición energética será imposible. Las renovables no solo tienen que cubrir el consumo doméstico, sino la producción pesada, que normalmente está en el tercer mundo,  y hoy en día, ni el coche eléctrico, ni las turbinas de la energía eólica, se pueden hacer sin combustibles fósiles. 



3. El falso discurso del crecimiento


En los medios de comunicación y especialmente en las declaraciones de los políticos, no paramos de oír hablar de crecimiento económico. El PIB es una medida muy inexacta de medir la auténtica riqueza de un país, pero incluso aceptándola, la gran mayoría de países occidentales no crecerían sin las enormes inyecciones de dinero barato y sin la compra masiva de deuda, por parte de los Bancos Centrales, lo que se llama eufemísticamente "expansión cuantitativa".  Por ejemplo, Francia entre el 2000 y el 2017 ha crecido un 12% (del PIB), al tiempo que la deuda soberana ha crecido un 69,2%, lo que significa que para cada 1 EUR de crecimiento se han necesitado 7 EUR de deuda neta. 
Crecimiento a base de deuda en EEUU
El índice de prosperidad, sobre el que volveremos más adelante, se redujo para el mismo periodo en un 7,1%. Y esa reducción, es la que perciben los chalecos amarillos. A eso hay que añadir que la situación de intereses negativos erosiona el capital. Estamos en una sociedad en decrecimiento económico real pero insuficiente para la transición energética. La deuda de la gran mayoría de países es muy superior a su propio PIB.
El crecimiento sostiene los beneficios de las empresas y de las élites. Thomas Piketty en su libro Capital in the Twenty-First Century demuestra como en la serie 1987-2013, a nivel mundial, los Top-100 millones de más ricos, crecieron un 6,8% mientras el PIB solo lo hizo un 3,3% (Tabla 12.1). 
El crecimiento sostiene solo las ganancias del 1%. (Piketty)
De hecho, desde 1975 los ingresos por familias prácticamente se han quedado planos, por lo que no se han beneficiado realmente del crecimiento económico.
Lo más curioso de todo esto, es que a pesar que el crecimiento no beneficia en general a la sociedad, el nivel de felicidad o satisfacción financiera, permanece constante una vez las necesidades básicas se hallan cubiertas. Esto es conocido como la paradoja de Easterlin. Se trata de un postulado del economista Richard Easterlin, publicado en el artículo "Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence" de 1974. 
Cogiendo el caso de Finlandia, que puede extenderse a cualquier otro país occidental, si comparamos el PIB con otros indicadores que miden mejor el bienestar económico-social como el GIP (Genuine Progress Inidcator) o  el  ISEW (Index of Sustanble Economic Welfare), veremos que el crecimiento económico del PIB tampoco mejora el bienestar al menos desde los años '90, entre otras cosas debido al desmantelamiento del Estado Social.

Las conclusiones son obvias. No sólo no crecemos, sino que el crecimiento desde hace años no consigue mejorar el bienestar de la sociedad, y por si fuera poco, las personas tampoco acaban de valorar los bienes o servicios producidos por el excedente económico. Crecimos con el petroleo pero ahora que este ya no puede crecer, porqué se agota, decrecemos. La sociedad parece más preparada para el decrecimiento que las élites. Pero el decrecimiento, que exigen los problemas energéticos es tan superior al actual, que no sabemos si la sociedad podrá aceptarlo de manera voluntaria y planificada.


4. El cálculo de la prosperidad

El economista Tim Morgan ha desarrollado un sistema para calcular el nivel de  prosperidad ligado a la situación energética, a lo que llama economía del excedente de energía.  Después de años de investigación ha creado el SEEDS (Surplus Energy Economics Data System), que contiene todos los datos para medir la prosperidad en los países, entendida como calidad de vida y no como riqueza. Para calcular la prosperidad utiliza un concepto complementario al EROEI como es el ECOE (Energy Cost of Energy) o ratio de la cantidad de energía consumida en el proceso de acceso a una cantidad determinada de energía.  En los últimos años se observa un aumento exponencial de la parábola del ECOE. Los combustibles fósiles han pasado de un 1,7% en 1980 a un 2010 12,1% y se estima que en 2030 se llegaría a un 13,5%. Precisamente el umbral más allá del cual no se podría utilizar la energía estaría en el 14,2%.

La diferencia entre la cantidad de energía bruta y la ECOE es el excedente de energía. Debido a que esta es la fuente de todos los bienes y servicios aparte del suministro de energía en sí, este excedente determina la prosperidad. Concretamente Morgan calcula la prosperidad mediante la deducción del ECOE sobre el PIB neto.


CASO UK
PIB Neto 1.436
ECOE % 2,7%
ECOE 39
Economía de la energía 1.397
Población 58,9
Prosperidad (en miles)                          23,7

El caso de ejemplo de Gran Bretaña ejemplifica el cálculo de la prosperidad per capita a partir de las magnitudes anteriormente citadas. 
Año donde cada país ha alcanzado el pico de la prosperidad
Ya que toda la economía se determina por la termodinámica, y todos los flujos económicos están determinados por la energía, la prosperidad depende de la energía disponible. De esta manera, el declive energético provoca el crecimiento negativo de la economía con una imparable destrucción del valor.

Otros autores como Tim Jackson en Prosperity without Growth: Foundations for the Economy of Tomorrow, proponen conceptos alternativos de prosperidad para el decrecimiento.   

5. El declive de la prosperidad


Con la fórmula de Morgan podemos ver que la gran mayoría de países occidentales decrecen y han sobrepasado el pico de prosperidad, como es el caso de España, ocurrido en el año 2000. Por eso, a pesar de la propaganda de la política económica ortodoxa, los ciudadanos empiezan a ver que la situación actual no es simplemente un bache producido por la crisis de 2008, es una situación con una tendencia clara, a pesar de que algunos indicadores se hayan mitigado en pequeña medida a base de expansión cuantitativa.  

Nuestra sociedad actual es la sociedad del descenso magníficamente descrita por Oliver Nachtwey en su libro La sociedad del descenso: Precariedad y desigualdad en la era posdemocrática. 




Veamos una radiografía de España utilizando las estadísticas oficiales del INE y otros organismos, que no suelen aparecer en los medios de comunicación, para constatar el descenso social. 

Según el estudio del EFF (Encuesta Financiera delas Familias) del Banco de España con datos de 2014 el descenso de la riqueza mediana respecto al 2011 fue de un 22% y la renta media cayó un 9,7%. La tasa de ahorro se situó en un exiguo 5,7% en 2017 para ISFLSH o sea los hogares.

España está en el puesto 61 del coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de los ingresos con 0,345 por detrás (¡oh sorpresa!) de Grecia, Burundi, Niger, Irak o Kirguistán, siendo Islandia el país más avanzado con 0,241 y el peor Sudáfrica con 0,630. 

España con una población total de 46.572.132 habitantes, hasta un cuarto de ella se encuentran en AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusión), exactamente el 26,60%, que son nada menos que 12.388.187 millones de personas casi tantas como la población activa. Otros indicadores de pobreza como el BITH (Baja Intensidad de Trabajo por Hogar) indican que se encuentran 1.443.736 personas o el PMS (Privación Material Severa) refleja que se encuentran 745.154 personas y directamente en pobreza hasta 6.380.382 personas, el 13,7% del total según el 8ª Informe 2018 EAPN España. Una situación extremadamente grave, que incide especialmente en los jóvenes y niños. 


Los porcentajes de pobreza dependen de las definiciones y no son iguales para la UE, que para el Banco Mundial. El umbral de riesgo de pobreza ha quedado fijado por la UE en "el 60% de la mediana de la renta disponible equivalente". La tasa de pobreza se ceba con los parados con el 44,6% mientras que sobre los ocupados representan el 14,1%. 


Sin embargo, por encima del AROPE hay una población enorme con niveles salariales bajos muy erosionados por la presión fiscal y la inflación. La población activa son 18.874.200 personas según la EPA más reciente, de los cuales 3.252.867 son desempleados y 3.105.800 son funcionarios y empleados públicos, lo que arroja una tasa de ocupación de tan solo el 48,67%. Si en vez de renta disponible, observamos la estructura salarial española según los datos del INE (Encuesta Anual de Estructura Salarial), un 95% cobra menos de 50.000 EUR, con lo que los altos salarios son insignificantes, pero un 43% gana menos de 17.000 EUR y hasta un 71% gana menos de 25.000 EUR, lo que son cifras complicadas para tener una renta disponible suficiente si no se compensa por la estructura del hogar. Por ello, otros estudios indican que un 53% tiene dificultades para llegar a fin de mes, en diversos grados de dificultad. 

Pero a diferencia del pasado un salario ya no le salva a uno de la pobreza. Hoy en día se habla de in work poverty o working poor en español "trabajadores pobres" o "pobreza activa" también llamada "pobreza en situación de empleo". España es el tercer país de la UE con mayor número de trabajadores pobres, superando el 10% de la población activa, es decir, más de 2 millones de personas. Es decir, hay unas 10 millones de personas trabajando en la empresa privada en condiciones de no pobreza, pero de las cuales, al menos la mitad con dificultades. 

También hay que resaltar, que la pobreza afecta mayoritariamente a inmigrantes legales, no a nacionales, al contrario de la percepción popular.
Es bastante descorazonador el panorama español. A pesar de ello, las encuestas reflejan un cierto nivel de sensación de felicidad en los hogares, debido a los lazos sociales y familiares. ¿Pero hasta cuando? La sociedad del decrecimiento y del descenso, tan sólo ha empezado a bajar el tobogán. Y afecta a todos. No sólo a la clase media. Es cierto que las élites cada vez ganan más, pero también hay más individuos cayendo de ellas, que entrando. A nivel social es una sociedad dual, pero a nivel individual, es cada vez más una jungla en la que luchar por la supervivencia, si sólo se depende de un salario y no se tienen rentas.




6. El auge del populismo


En un mundo en decrecimiento, la riqueza, el confort o como preferimos decir, la prosperidad, es un elemento menguante en un juego global de suma cero. Quizás el polémico gobierno Trump (o de la los que lo sustentan en la sombra) lo ha entendido mejor que otros. El populismo político (recordemos, "todo por el pueblo pero sin el pueblo"), tanto de izquierdas como de derechas, prospera porque la materialidad de la economía, contradice tanto los discursos políticos tradicionales de izquierda y derecha, como el discurso económico ortodoxo. Alemania también sabe que es un juego de suma cero y su dominio sobre la zona Euro aún le está permitiendo mantener una cierta prosperidad.


Nada va bien. La sociedad es cada vez más pobre, excepto unos pocos grupos privilegiados. Las élites políticas y económicas han perdido el contacto con la realidad y están acomodadas a la gestión artificial del crecimiento y a la ideología falsa del progreso. Las élites plutocráticas viven su mejor momento, mientras el pueblo reacciona votando o apoyando opciones extremas sin principios, que han sabido elaborar un discurso genérico, que recoge los problemas reales, ante la ceguera de las opciones tradicionales. Los extremismos quizás tengan tentaciones dictatoriales, supremacistas, segregacionistas y represivas, pero son lo únicos que están analizando la realidad sin pagar tributos al pasado y ofrecen una promesa de cambio.


Los chalecos amarillos en Francia, por ejemplo,  evidencian la vanguardia de unas luchas sociales de indignados de todas las edades y estratos sociales, como síntoma de un contrapoder contra las élites. Entre el deterioro del Estado y el peligro de la hiperinflación, los gobiernos siguen endeudándose.


El deterioro de los partidos tradicionales como los partidos liberales-conservadores o socialdemócratas, ha sido espectacular en la última década, pero a pesar de ello, sólo hemos encontrado cambios cosméticos respecto a su discurso habitual. Están presos de su éxito pasado, de ser parte de la élite, de sus dependencias clientelares y de las subculturas políticas.

La democracia formal, parlamentaria, generalizada en Occidente, casi intacta desde el sufragio universal, no puede ni analizar, ni resolver los problemas actuales. No tiene los instrumentos, para lograr soluciones justas, agnósticas y duraderas. Las izquierdas y derechas son subculturas sociales como los punks o los hippies, basadas en creencias desactualizadas, que son un impedimento para constatar los cambios económicos y evitar sus consecuencias. La democracia tiene que evolucionar en el fondo y en la forma, y tiene que ser parte de una gobernanza mundial. Los populismos y los nacionalismos, son una freno para un mundo interconectado. Quizás el futuro sean economías locales, pero conectadas globalmente entre ellas. El gap entre el parlamentarismo tradicional y la sociedad tecnológica es abismal.

Tenemos problemas del siglo XXI provocados por el siglo XX y tratados con instituciones del siglo XIX. Es un mal presagio. Los desequilibrios que la política no puede solucionar, los suele equilibrar el conflicto social de manera salvaje.



Antonio Turel (The Oil Crash Blog) - Sobre el decrecimiento

 

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